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Madrid, 20 de agosto de 2026. – La trombosis asociada al cáncer (CAT, por sus siglas en inglés, Cancer-Associated Thrombosis) es una complicación frecuente y potencialmente grave en los pacientes oncológicos. El término engloba los eventos trombóticos arteriales y venosos que pueden aparecer en cualquier momento de la evolución de la enfermedad.

Con el objetivo de prevenir, diagnosticar, tratar y realizar un seguimiento especializado de estas complicaciones, el Servicio de Hematología y Hemoterapia de MD Anderson Cancer Center Madrid - Hospiten lidera desde hace más de 15 años la Unidad de Trombosis Asociada al Cáncer. Esta unidad sitúa en el centro la valoración individual del riesgo, la educación del paciente y la seguridad clínica; coordina las decisiones con los equipos responsables de su atención y favorece la continuidad del tratamiento oncológico.

Una complicación frecuente y multifactorial

La Dra. Raquel de Oña Navarrete, jefa de la Unidad de Trombosis de MD Anderson Madrid – Hospiten, advierte del aumento del riesgo trombótico en oncología: “El riesgo de tromboembolismo venoso puede ser hasta 12 veces superior al de la población general y llegar a ser 23 veces mayor en los pacientes que reciben tratamiento oncológico activo. También se ha descrito un riesgo de trombosis arterial aproximadamente dos veces mayor”. Por este motivo, la Unidad trabaja para que pacientes y familiares conozcan esta complicación y sepan cómo actuar: “La trombosis asociada al cáncer no debería seguir siendo una complicación poco conocida. Nuestro objetivo es que cada paciente conozca su riesgo individual y las medidas disponibles para reducirlo”.

El riesgo de desarrollar una trombosis no responde a una única causa: es multifactorial, heterogéneo y dinámico, ya que puede cambiar a lo largo del proceso oncológico. Intervienen variables relacionadas con el propio paciente, como la hipertensión arterial, la diabetes o la dislipemia; el consumo de tabaco o alcohol; los antecedentes de trombosis; la inmovilización o el sedentarismo.

También influyen las características del tumor, como su localización —con especial riesgo en determinados cánceres, entre ellos los de páncreas o pulmón—, el estadio avanzado o los primeros meses tras el diagnóstico. A ello se suman factores relacionados con el tratamiento, como determinadas quimioterapias, la inmunoterapia, la hormonoterapia, los catéteres venosos centrales o las intervenciones quirúrgicas.

Prevención y detección precoz, claves para evitar complicaciones durante el tratamiento

El diagnóstico de una trombosis añade complejidad al manejo del paciente oncológico: puede requerir hospitalización, retrasar la administración de los tratamientos programados y hacer más complejas las decisiones sobre la anticoagulación por el riesgo de sangrado. A ello se suma el impacto emocional: “El diagnóstico puede generar miedo y convertirse en una experiencia traumática. La trombosis es una complicación frecuente y grave, asociada a un aumento de la morbimortalidad”, señala la especialista.

Los eventos trombóticos pueden manifestarse con síntomas clínicos o detectarse de forma incidental durante las pruebas de seguimiento del cáncer. Como la trombosis dificulta o bloquea el flujo normal de la sangre dentro de un vaso sanguíneo, los síntomas dependen del vaso afectado —arteria o vena —, así como de la localización, la extensión y la gravedad de la obstrucción.

“En la trombosis venosa profunda puede aparecer hinchazón, dolor o aumento del volumen de una pierna o un brazo. En una embolia pulmonar pueden presentarse dificultad respiratoria de inicio brusco, dolor en el tórax, taquicardia, mareo, fiebre o pérdida de conciencia. Cuando existe afectación trombótica cerebral, pueden aparecer síntomas neurológicos bruscos, como dificultad para hablar, pérdida de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo y alteraciones de la visión. Reconocer estas señales de alarma permite solicitar atención médica de forma precoz”, explica la Dra. de Oña.

Uno de los principales objetivos de la Unidad es identificar a los pacientes en tratamiento oncológico activo con alto riesgo trombótico y valorar, al mismo tiempo, su riesgo hemorrágico. Esta evaluación es individual y dinámica, por lo que debe revisarse a lo largo del tratamiento. Algunos pacientes seleccionados pueden beneficiarse de tromboprofilaxis primaria con anticoagulantes durante el periodo de mayor riesgo, pero prevenir no significa anticoagular a todos. Otro pilar de la Unidad es la educación: en consulta se explica qué es la trombosis asociada al cáncer, por qué aumenta el riesgo, cuáles son las señales de alarma, cuándo solicitar atención médica y cómo utilizar con seguridad los tratamientos anticoagulantes.

Entre las medidas que pueden contribuir a reducir el riesgo se encuentran mantenerse activo y evitar periodos prolongados de inmovilidad; levantarse y estirar las piernas durante los viajes largos o los ingresos hospitalarios; realizar ejercicio suave, siempre que el estado general lo permita; mantener una hidratación adecuada y una alimentación equilibrada, y utilizar medias de compresión cuando hayan sido recomendadas por un profesional sanitario. Cuando se prescribe un tratamiento preventivo, es importante seguirlo correctamente y no suspenderlo por cuenta propia.

La Unidad también incorpora al entorno cercano del paciente. Familiares y cuidadores pueden ayudar a detectar cambios que el propio paciente atribuya al cansancio del tratamiento, favorecer el cumplimiento de las recomendaciones y actuar ante una señal de alarma. “En la consulta de trombosis ofrecemos educación y favorecemos el empoderamiento del paciente y de su entorno de confianza, para que reconozcan las señales de alarma y participen activamente en su seguridad”, detalla la doctora.

Más de 15 años de experiencia en la atención individualizada y multidisplinar

La Unidad de Trombosis Asociada al Cáncer de MD Anderson Cancer Center Madrid - Hospiten cuenta con más de 15 años de trayectoria y se apoya en un modelo multidisciplinar. Liderada desde el Servicio de Hematología y Hemoterapia, trabaja de forma coordinada con las especialidades implicadas en la atención del paciente oncológico, como Oncología, Urgencias, Cirugía y Radiología, entre otras.

Este abordaje coordinado permite realizar una valoración conjunta y adaptar las decisiones a las características clínicas y al momento evolutivo de cada paciente, facilitando una atención más ágil, segura y personalizada. “Los modelos multidisciplinares aplicados a la prevención de la tromboembolia venosa en la atención oncológica ambulatoria han demostrado que la intervención coordinada mejora la adherencia a las recomendaciones nacionales e internacionales”, concluye la Dra. de Oña.

De esta manera, la Unidad de Trombosis sitúa la prevención en el centro del proceso asistencial y combina la experiencia de los profesionales con la participación activa de pacientes y familiares. El objetivo es que la trombosis deje de percibirse como una complicación inevitable y se aborde como un riesgo que, en determinados pacientes y circunstancias, puede identificarse, prevenirse, diagnosticarse y tratarse de forma precoz.