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Madrid, 22 de septiembre de 2026. – Hasta el 80% de los pacientes con cáncer experimenta dolor de forma habitual durante la enfermedad. A pesar de que este síntoma es uno de los que más condiciona su bienestar y calidad de vida, hay una amplia tendencia a normalizarlo, tanto entre los propios pacientes, como en su círculo y entorno sanitario. “Es frecuente que se dé por sentado que, si tienes un tumor, es normal que te duela y no te queda otra opción que sufrirlo” explica la Dra. Sara Arango, responsable de la Unidad de Dolor de MD Anderson Cancer Center Madrid – Hospiten.

Sin embargo, el dolor no debe asumirse como una consecuencia inevitable del cáncer. Cuando esta patología se cronifica; es decir, cuando está presente más de tres meses, el dolor empieza a considerarse una enfermedad en sí misma, lo que tiene un gran impacto en el bienestar tanto físico como emocional del paciente. La especialista hace hincapié en la importancia de la detección precoz: “No es infrecuente que el paciente vea más amenazada su integridad por el propio dolor que por el tumor, y así lo suelen expresar en nuestra consulta. Por esto es importantísimo identificarlo y empezar a tratarlo lo más rápido posible”.

Por tanto, es de vital importancia que, en caso de experimentar dolor durante el proceso oncológico, los pacientes lo comuniquen al equipo médico desde el primer momento. “Ahora hay muchas herramientas para abordar el dolor: contamos con múltiples medicamentos, técnicas intervencionistas básicas como infiltraciones, y avanzadas, como la infusión intratecal, entre otros. Además, cada vez se trabaja más de forma multidisciplinar, así el especialista en Dolor puede derivar al paciente a Psicología, Psiquiatría, Neurología y otras muchas especialidades que tratan de manera específica ciertos diagnósticos relacionados con el dolor”, explica la Dra. Arango.

Es importante que los pacientes acudan a la Unidad del Dolor cuando la analgesia básica que manejan las demás especialidades médicas no es suficiente para garantizarles un estado basal confortable, que no siempre es estar sin dolor. “Pasar por un proceso oncológico no significa que haya que sufrir. Nuestra razón de ser es mejorar la calidad de vida de los pacientes. Las decisiones que tomemos al respecto no son unilaterales, siempre los escuchamos y tenemos en cuenta sus necesidades, no solo con respecto al dolor, sino en el campo emocional, laboral, familiar, etc.”, aclara la doctora.

 

Infusión intratecal: una alternativa avanzada para el control del dolor crónico

Entre las terapias y tratamientos disponibles para tratar el dolor crónico, la infusión intratecal ocupa un lugar destacado. Es una técnica que consiste en implantar un sistema capaz de administrar de manera continua fármacos analgésicos de forma directa al sistema nervioso central, siendo la morfina el más común, a través de un catéter situado en el espacio intradural. En el caso de los pacientes oncológicos, esta alternativa se plantea cuando las dosis de la medicación necesaria para controlar el dolor son muy elevadas o los efectos secundarios que se derivan de estos son difíciles de tolerar.

La principal ventaja de la infusión intratecal es que permite una administración constante y más estable de los medicamentos, ya que se realiza siempre de manera personalizada a cada paciente, valorando sus características y necesidades concretas. Otros beneficios de esta técnica son que evita que el paciente esté pendiente de tomarse la medicación, con riesgo de olvidar las tomas o de cometer errores con las pautas. Además, el sistema permite al paciente administrarse sus propias dosis de rescate.

La administración directa de los fármacos permite utilizar dosis mucho menores en comparación con las requeridas por vía sistémica, lo que contribuye a estabilizar el tratamiento. Una vez ajustada la dosis adecuada, se reducen las visitas al hospital ya que las bombas intratecales requieren habitualmente recargas cada dos o tres meses. “En los pacientes adecuados, la calidad de vida mejora de forma considerable gracias a la reducción de sus efectos adversos”, concluye la especialista.

Para la Dra. Arango, contar con una Unidad del Dolor integrada en MD Anderson Madrid – Hospiten es fundamental para ofrecer una atención completa al paciente, ya que afronta el tratamiento del dolor como parte esencial del abordaje multidisciplinar del cáncer, trabajando de forma coordinada con otras especialidades. De esta forma, se ofrece una atención más personalizada e integral, que no solo busca tratar la enfermedad, sino también mejorar el bienestar y la calidad de vida del paciente.