Madrid, 17 de junio de 2026. – MD Anderson Cancer Center Madrid - Hospiten subraya la importancia del descanso y el sueño como aspectos esenciales del abordaje integral del paciente oncológico. En un contexto marcado por el impacto corporal y emocional de la enfermedad y sus tratamientos, el descanso, tanto físico como psicológico, es prioritario para mejorar el bienestar, mantener la energía y afrontar el proceso de tratamiento con mayores recursos personales, físicos y emocionales.
El Dr. Zayrho de San Vicente, del Servicio de Neurología de MD Anderson Madrid – Hospiten, explica: “El sueño es un factor esencial para todas las personas en general y los pacientes oncológicos en particular, ya que contribuye al descanso, el bienestar cerebral, el sosiego y la vitalidad”. El especialista hace hincapié en que, durante la enfermedad, los pacientes oncológicos atraviesan una situación de estrés emocional, personal y familiar, además de posibles efectos adversos resultantes de cirugías o tratamientos. “El buen descanso nocturno es fundamental para afrontar la complejidad asociada a la patología, así como para promover la energía diurna que permita realizar actividad física y mantener las rutinas del paciente”, añade.
En la misma línea, Fátima Castaño, psicooncóloga de MD Anderson Madrid – Hospiten, destaca que el descanso debe comprenderse de manera amplia y no limitarse al número de horas de sueño. “Existe también otro tipo de cansancio que necesita del descanso: el cansancio emocional”, explica. Este cansancio surge de la intensidad emocional asociada al proceso oncológico, que se relaciona con emociones negativas como la toma de decisiones, el estrés, la incertidumbre y la angustia. “Estas emociones desgastan mucho psicológicamente y a veces, incluso, físicamente. Es importante que los pacientes sean conscientes de que esto puede darse y la importancia que puede tener el descanso y el autocuidado en todos los aspectos”, señala Castaño.
Distinguir entre el sueño y el descanso para acompañar el proceso oncológico
Uno de los mensajes clave que comparten los especialistas es la necesidad de distinguir entre sueño y descanso, entendiendo que ambos se complementan y se retroalimentan durante el proceso oncológico. El sueño corresponde a un proceso fisiológico imprescindible: el descanso nocturno y las reparaciones celulares y neurológicas asociadas; mientras que el descanso físico y emocional permite desconectar de la sobrecarga física o mental y recuperar el equilibrio general al enfocar la mente en otras actividades diferentes al proceso oncológico. En pacientes oncológicos, el cansancio no siempre se debe a una única causa, sino que puede estar relacionado con los tratamientos, con la propia enfermedad o con el impacto emocional o incluso a la sobrecarga de tareas que genera la experiencia.
En este escenario, es habitual que surja una dificultad añadida: la culpa. Algunos pacientes perciben que descansar implica no estar haciendo nada por mejorar, lo que aumenta el estrés y dificulta aún más la desconexión. Según Castaño, para disminuir la culpabilidad es relevante poner en valor la importancia que tiene mantenernos con energía o con capacidad suficiente, tanto física como psicológica, para afrontar esta etapa. “El descanso no debe entenderse solo como el ejercicio activo de tumbarnos o descansar físicamente, sino como el hecho de disminuir el nivel de actividad o contar con ayudas que puedan favorecer que nos sintamos con más apoyo durante esta etapa”, explica.
El Dr. Zayrho De San Vicente destaca, además, que el cerebro no mantiene la atención fija durante periodos prolongados, por lo que introducir pausas y descansos entre actividades puede mejorar el desempeño y reducir el desgaste mental. Asimismo, recuerda que un buen descanso nocturno ayuda a tener más claridad y recursos emocionales para sobrellevar el estrés, sobre todo cuando el proceso oncológico implica múltiples demandas personales, familiares y médicas.
La importancia de los hábitos en la calidad del sueño
La noche suele ser, para muchos pacientes oncológicos, el momento más complejo, ya que, al disminuir la estimulación externa, aumenta la rumiación y las preocupaciones. Fátima Castaño explica que este aumento suele pronunciarse al final de la jornada, cuando hay menos distracciones, y estamos con nosotros mismos, por lo que es importante trabajar el sueño también durante el día, con regulación emocional y técnicas de desactivación, que ayuden a llegar a la noche con menos carga mental y física.
La desorganización de los ritmos circadianos afecta no solo al estado de ánimo, sino también a la capacidad cognitiva para solucionar conflictos y sobreponerse a las dificultades. “El estilo de vida moderno, con exposición nocturna a pantallas y luces artificiales puede interferir en los ciclos circadianos, la producción de melatonina y el establecimiento de rutinas correctas de descanso, por lo que es importante desconectar de las pantallas antes de dormir, y favorecer otras actividades como meditación, ejercicios de respiración, entre otras”, afirma el Dr. De San Vicente.
La psicooncóloga aborda también la importancia del descanso en la adherencia al tratamiento oncológico: “Si nos sentimos frustrados porque sentimos que nuestra calidad de vida ha mermado durante los tratamientos, esto puede profundizar en que no nos sintamos capacitados para afrontar los tratamientos, lo que repercute en la adherencia. Es importante que entendamos el descanso como un recurso más para afrontar la enfermedad y el tratamiento con energía”.
El Dr. De San Vicente, por su parte, defiende que el foco del abordaje debe enfocarse en rutinas regulares de descanso, meditación, ejercicio físico y psicoterapia del sueño. “Los fármacos pueden ser útiles a corto plazo o en situaciones agudas de insomnio vinculado a ansiedad, pero no deberían ser la alternativa en el largo plazo, ni sustituir los hábitos correctos y la higiene del sueño”, concluye.